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Historias Urbanas

Unas Papitas

¿Qué pasó mi Fideo? ¿Cómo va el jale?

Pos´ ahí va cabrón… como que está medio lento… ora´ los tizos andan muy “güevones”, a ver si al ratón se descuelgan por la merca, así es esto.

Simóooon mi güiiro… yo también he tenido que talonearle pa´ sacar la “persinada”, sino andaría en blanco, porque neta que si está de “güeva” esto…

Intercambiaban impresiones los “menudistas” de sustancias prohibidas  del Alcachofa que a esa hora de calor se habían ido a refrescar a la fondita de doña Llanta.

Doña… deme una Vicky pero bien muerta y… ¿Tú que quiere valedor?

A mí deme mi Red… es muy temprano pa´ empezar con la cebada… también bien “helodia”  señito.

La señora sacó de los refrigeradores las bebidas… los tenía atrás del mostrador porque ya le habían dado baje “chorrocientas”  veces y como decía ella:

¡No soy beneficencia y estos  cabrones ya me agarraron de su maje…mejor acá adentro y yo se las despacho! (¡Pinches ratas!)

Gracias doñita… ¡Así me gustan! ¡Que hasta se entuma la mano de lo frías que están! Dijo el Fideo y agarrando también el refresco de cola del Güiro, quiso buscar las monedas para pagar pero con ambas manos ocupadas no pudo  hacerlo, así que le entregó el refresco a su cuate y ya con la mano libre, la metió a su   pantalón y sacó el dinero, lo contó y se lo entregó a la rechoncha mujer.

La señora lo contó a su vez y luego lo echó en la cajita de madera de  las morralla y se volvió a sentar en su silla de madera tras el mostrador.

Oye carnal… ¿Qué has sabido del puto del  barracuda que ya anda queriéndose meter por acá a invadir terrenos ajenos? Preguntó el Fideo.

¡Pos eso! ¡La otra vez vi a un canijo que anda con ese cabrón y traía su maletita y como no queriendo la cosa se le acercó a un güey de un Mazda rojo y de volada me di tinta que sacaba algo de la petaquita, se lo entregó al de la nave  y el culero le  pagó como si nada y luego, luego se arrancó, el chavo de la maleta  se quiso hacer pendejo … entonces ya encabronado caminé hacia él y al verme se puso la mano atrás, como si fuera a sacar algo y me paré en seco… luego sin dejar de verme se fue yendo hacia la esquina y dio vuelta en la calle y ya no lo volví a ver… pero me han dicho que lo han visto más veces por aquí…

¡Yo por eso cargo mi cüete… no vaya a ser el diablo! ¡Si lo veo lo voy a apañar y de volada lo llevo aunque sea de los güevos  pa´ que lo vea el Alcachofa…! ¡Ya ves que ese no se anda con mamadas… seguro va a saber que hacer! Dijo el Fideo convencido.

Si cabrón… ¡O se pone uno recio o nos comen el mandado y de paso nos ponen en la madre!

¡Si carnal! ¡Aquí hasta el más chimuelo masca clavos!

Lo peor que cada vez están más mocos… este güey ha de haber tenido unos diecisiete años o menos… ¡Ah pero eso sí… bien pinche matón según él! ¡Esos cuando ven la  de hombre hasta se mean en los calzones! ¡Son puro pájaro nalgón! Comentó el Güiro sonriendo.

¡Si, no hay como la vieja guardia! ¡Los que si no le corremos a los putazos y que por el contrario… la sangre nos pone  Más perros!

¡A güeeeeevo!

En eso estaban cuando llegó un niño como de diez años de edad y acercándose al mostrador le dijo a la señora:

Señito, deme unas papitas de las amarillas de bolsita mediana por favor.

La señora vio al niño y le sonrió con simpatía, luego sacó el paquete de papas del anaquel y se lo entregó al pequeño:

¡Aquí está mi´jito…! ¡Son quince pesos!

El niño sacó un billete de a veinte y se lo dio a la mujer, ella lo echó en su cajita, sacó unas monedas y  le dio sus cinco pesos de cambio al pequeño  y “cansada”… se volvió a sentar.

El Güiro y el Fideo guardaron silencio para que el chiquillo no los escuchara… eran temas no aptos Para infantes… pero el chamaco no se fue y colocándose a unos metros de ellos abrió su bolsa de papas y comenzó a disfrutarla con singular alegría, haciéndolas  crujir con cada mordida.

Al ver que no se marchaba, los hombres se desentendieron del niño y se dispusieron a seguir platicando mientras terminaban con sus bebidas.

Pos´ como te iba diciendo mi valedor… así es esto del abarrote…

De pronto…  se escucharon varias detonaciones con el estruendo del trueno y el infortunado Güiro cayó al piso con tres agujeros en el pecho y otro impacto que le voló el lado  izquierdo del cráneo desparramando parte de la masa encefálica en el suelo… el Fideo quiso correr pero su reacción  fue tardía y ya era alcanzado por las balas asesinas que se alojaron en su espalda rompiendo su espina dorsal y atravesándole el corazón que estalló dentro de su pecho…

… Unas papas medianas de bolsa amarilla en el suelo y un chiquillo sosteniendo con las dos manos una pistola calibre 38 súper,  humeante…   terminaba el trabajo… luego sin mucha prisa se alejó de allí ante el estupor de doña Llanta y los pocos testigos que pudieron ver boquiabiertos al diminuto asesino marcharse.

Dos narco menudistas menos en la calle y un asesino más comenzando su  carrera.

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